¿Dices sí cuando quieres decir no?

¿Alguna vez se te han colado alguien en el super y no te has atrevido a decirle que se pusiera a la cola? ¿Has accedido a prestarle tu coche a un conocido sin realmente querer hacerlo? ¿Has vuelto a terminar tú el trabajo que debía hacer tu compañero/a de trabajo sólo por no “enfrentarte” a la situación? ¿Has pagado algún servicio sin “rechistar” a pesar de no estar del todo satisfecho/a?

Si es así, continúa leyendo; esta lectura te interesa.

Hay personas que defienden su postura, piden que se les deje en paz, o tratan de no contestar y “entrar al trapo” de las faltas de respeto de su interlocutor. Y sin embargo, hay algo en su manera de decirlo que hace que no se les tenga en consideración, que no se les tome en serio, y sean ignorados por los demás.

Otras, directamente asienten, “callan y otorgan”, quizá se les escape una leve mueca de disgusto, pero, no tratan de hacer ver al otro cuál es su visión de la situación, su opinión, deseo o necesidad.

Tanto unas como otras, son personas poco asertivas.

Podríamos decir que ser asertivo es la habilidad de quedar bien con todo el mundo sin dejarse despreciar.

Dicho de otro modo, diríamos que es la capacidad de autoafirmar los propios derechos, sin dejarnos manipular y sin manipular a los demás.

Todos hemos vivido en mayor o menor medida estas situaciones. Algunas personas sólo son poco asertivas ante determinadas situaciones o personas, mientras que otros no defienden sus intereses en muchos o casi todos los ámbitos de su vida. Esto merma su autoestima y les crea gran ansiedad.

La falta de asertividad puede darse en el ámbito personal, en el laboral, en el familiar, ante personas desconocidas, ante ciertas situaciones que nos creen inseguridad, etc.

Pero no dejemos escapar un detalle: la asertividad es una habilidad. Y como tal, puede desarrollarse.

¿Cómo reacciona una persona poco asertiva en una situación concreta de tensión?

Con bloqueo. Se queda paralizado, con “la mente en blanco” o mensajes mentales repetitivos como “tengo que decir algo” llenos de ansiedad. La situación es vivida como algo terrible e insuperable, causándole mucha ansiedad.

Con sobreadaptación. Responde según cree que es lo que lo que desea o espera el otro. Su atención está centrada en lo que la otra persona pueda estar esperando.

Con ansiedad. Suda, tartamudea, se retuerce las manos… Con pensamientos de ansiedad que le invaden como “me ha pillado, tengo que justificarme”, dándose instrucciones para responder al otro llenas de tensión, que pueden llegar a dar una repuesta correcta o que sea tal la ansiedad que se convierta en bloqueo.

Con agresividad. Eleva la voz, da portazos, insulta, etc. Le aparecen pensamientos como “ya no aguanto más” “a ver si se cree que soy idiota”…y se acompaña de ansiedad, la necesidad de estallar y de tener que salir airoso de la situación.

En función de cómo se enfrentan ante una situación dificultosa, en líneas generales podemos diferenciar entre personas sumisas, agresivas, pasivo-agresivas, y asertivas.

Las personas sumisas no defienden sus derechos ni intereses personales. Respetan a los demás, pero no a sí mismas. Su volumen de voz bajo, habla poco fluida, bloqueos y vacilaciones tampoco ayudan. No mantienen la mirada, muestran sentimientos de impotencia, inseguridad, tienen sensación permanente de ser incomprendidos, manipulados, ni tenidos en cuenta. Consideran que actuando así evitan molestar u ofender a los demás. Son personas “sacrificadas”. A la larga, tendrá baja autoestima, perderá el aprecio de los demás y sufrirá faltas de respeto.

El perfil agresivo responde ante situaciones dificultosas defendiendo en exceso sus derechos e intereses, sin tener en cuenta los de los demás. Habla tajante, su volumen de voz elevado, interrumpe y utiliza insultos y amenazas. Mantiene la mirada de manera retadora, con la cara tensa y su postura invade el espacio del otro. Lo sitúa todo en términos ganar-perder. Piensa que si no se comporta de esta forma, está siendo demasiado vulnerable. A la larga, provocan en los demás rechazo o huida.

El pasivo-agresivo utiliza el chantaje emocional, es decir, consigue que los demás le hagan favores, le refuercen, le acompañen, etc., a base de hacerles sentir culpables. Utiliza indirectas, comparaciones descalificadoras con otras personas (“tal se porta bien conmigo mientras que tú…”), se muestra como víctima, cuando se intenta afrontar con él un asunto conflictivo cambia de tema. Tiene baja autoestima, e ideas agresivas hacia el otro que no se atreve a expresar. Interpreta siempre de forma negativa el comportamiento del otro. Siente impotencia y frustración.

En cuanto a la persona asertiva, presenta cinco características:

  1. Sabe decir “no” o exponer su postura hacia algo. Sabe aceptar sus errores.
  2. Sabe realizar peticiones. Expone un problema que considera que debe solucionarse, sabe pedir un cambio de comportamiento cuando se siente no-respetada, sabe pedir una acción concreta (por ejemplo, un aumento de sueldo).
  3. Se autoafirma. Si siente que no se le está respetando, reacciona, exigiendo respetuosamente su derecho a ser escuchada, y tenida en cuenta.
  4. Resuelve conflictos de modo que se respeten ambas partes. Reaccionando con autoestima ante críticas, emitiendo críticas desde el respeto, negociando acuerdos.
  5. Sabe expresar sus sentimientos tanto positivos como negativos.

Su mirada es directa, pero no desafiante. Su expresión facial está de acuerdo con el mensaje que quiere transmitir. Su postura corporal es cercana, relajada, con gestos desinhibidos, sugiriendo franqueza, seguridad en sí mismo y espontaneidad.

Su volumen de voz no es ni demasiado bajo ni muy alto. El tono es uniforme, sin intimidar pero mostrando seguridad. Su habla es clara, fluida, sin vacilaciones ni repeticiones.

Su conversación destaca por intervenciones largas, usar señales de que está escuchando y entendiendo al otro, y emplear preguntas que ayudan a mantener la conversación, obtener información y mostrar interés por lo que el otro está diciendo. Además, sus intervenciones suelen ser largas.

Pero, ¿y por qué no soy asertivo?

  • Puede que no hayas aprendido a ser asertivo/a o lo has hecho de un modo inadecuado
  • Puede que conozcas la conducta apropiada, pero la ansiedad te invada y tu respuesta se vea limitada
  • Puede que no conozcas o rechaces tus derechos
  • Puede que tengas unos patrones irracionales de pensamiento que te impidan actuar de forma asertiva

Sea cual sea tu caso, recuerda: La asertividad es una habilidad que puede trabajarse y mejorarse. Puedes aprenderlo. ¿Cuándo quieres empezar a aprender?

Sagrario Latorre. – Psicóloga. Máster en RRHH. Máster en Psicología Clínica y de la Salud. Psicóloga Especialista en Coaching. Experta en Igualdad de Género. Socia Fundadora de Desarrollo y Personas Consultores, S. L.

 

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